Eran jóvenes y tenían mucho por hacer. Tuvieron grandes aciertos, también detractores y errores, pero siempre tuvieron en su mente la palabra trabajo y trabajo duro.
Hoy cuando la Escuela F - 509, ya no se llama así, sino que Liceo Juan Gómez Millas. La cantidad de alumnos bordea los 500 y es la mejor en comparación al resto de las existentes en la comuna, Rubén y Patricia junto con la alegría de sentir que lo lograron, también sienten una profunda frustración y es que llegarón al tope y ya no tiene mucho por hacer, tal como hace 26 años, y no es que ellos mismos se hayan puestos barreras, sino que se les puso en el camino, una que en este momento no son capaces de derribar ellos solos.

La barrera social.
¿Qué hacer?, cuando el problema no es la educación sino un tema de conformación de nuestra sociedad, el maldito problema de las oportunidades y la descarnada distribución de las riquezas. Cómo se le dice a un niño que no podrá optar a nada más que a quedarse en su casa porque no hay plata para estudiar, o como se le transmite a un niño golpeado, a un niño que viene de hogares destruidos por el alcohol de la droga, niños que son abandonados, que sus padres están presos, o sencillamente niños que no comen, que tiene oportunidades, que es posible que rompan los círculos de la pobreza y que su vida puede ser distinta.
Es díficil. Y Rubén y Patricia chocan día a día y de golpe y porrazo con esa realidad.
Sin embargo, aún tiene esperanzas, porque tienen a una Macarena Peña, a un Osvaldo Campos, a un Natalia Reyes, a un Hugo, que lo lograron, que fueron impulsados a ver el mundo con otros ojos y a tomar otras oportunidades. Pero todavía son pocos.
Cuando repaso esta historia, me indigna que se discuta con tanta soltura de cuerpo el reajuste de los funcionarios públicos, me indigna que los políticos, no hagan su pega y les paguen tremendas cantidades de dinero. Su trabajo es relevante porque los elegimos para que nuestra vida en sociedad sea óptima y no lo hacen. Me indigna que personas como Rubén y Patricia no puedan hacer nada más, sabiendo que sus decisiones, que sus enseñanazas pueden cambiar la historia de personas, pueden hacer a niños más confiados y distintos adultos a nuestra sociedad.
Sentirse atados de manos con este tema es normal, pero no lo ideal, hay algo por hacer, lo importante es descubrir qué, desde nuestras trincheras.
Yo por lo menos, estoy en eso.